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domingo, 5 de agosto de 2012

A un paso.

Te quiero. Resulta extremadamente fácil decirlo. Y hasta suena bien. Te quiero, te quiero, te quiero. El problema llega cuando decirlo se convierte en una rutina, cuando infravaloramos esas dos palabras y se lo soltamos a cualquiera que pasa por nuestra vida de manera fugaz, como el que se ha equivocado de salida en la autopista y  se para a preguntar dónde coño está. Y eso mismo me pregunto yo. ¿Dónde están todos esos te quiero dichos en vano? ¿ A dónde van a parar? Lo único que sé es que pierden ese encanto original. Lo escuchas hasta en la sopa y acabas por no creérselo ni a tu madre. 
Me gustaría saber cuánto tiempo tarda de media el ser humano en decirle te quiero a una persona, o mejor aún, a cuántas personas se lo decimos a lo largo de nuestra vida.
Incluso yo, reconozco que he podido decírselo a personas que ahora ni recuerdo, se lo habré dicho a alguna más de una vez sin ni siquiera sentirlo y ahora lo único de lo que estoy absolutamente convencido es de que a ti, en particular, y a día de hoy, no te quiero. Pero estoy a un paso de ello.

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