Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos
martes, 21 de agosto de 2012
Cartas que nunca llegaron a Dublín (II)
Podría escribir sobre tus ojos. Por esa extraña forma de moverlos inconscientemente cuando te concentras en un punto fijo. O sobre tu lunar. Justo debajo de la nariz. Resulta gracioso, porque la primera vez que me fijé pensé que era una mancha de chocolate o algo así. También podría escribir sobre tu forma de reírte, soltando un pequeño suspiro justo al final.
Podría escribir sobre tus pequeños percances que te hacen tan encantadora y de como sabes reírte de ti misma. O incluso podría despedirme ya, en una segunda carta que total, no vas a leer. Quizás sería una buena opción la de desaparecer rápidamente de tu vida como el hielo que se deshacía en tu mejilla después de tu aparatosa caída aquella noche.
El caso es que creo que eso es lo mejor que puede pasar, al fin y al cabo, nunca nos miraremos a la cara y nos diremos que coño pasa. Así que yo seguiré sin saber que pasa por esa cabeza y tú no sabrás que en mis noches sin dormir, te escribía. Te quedarás sin saber que a ti, te quedaba mejor mi camiseta cuando te la ponías para dormir; que los bocadillos en aquella terraza sabían mejor contigo cerca; y que si me quedaba hasta la madrugada estudiando, no era por mejorar mi nota.
Y aunque no me gustase tu colonia, ni ciertos gustos musicales, podría haberte escrito mil cartas más. Pero eso tú, tampoco lo sabías.
lunes, 13 de agosto de 2012
Cartas que nunca llegaron a Dublín (I)
La primera vez que escribí una carta apenas sabía escribir, pero mi madre se había empeñado en que fuese yo el que escribiera una postal felicitando la Navidad a cualquier familiar lejano que seguramente ni me conocía. Recuerdo que lo hice a toda prisa porque quería jugar con mis nuevas botas de fútbol que mi padre me había regalado. Eran igualitas que las de Michael Owen. Pero hacer las cosas con prisa me costó tener que repetirlas así que ese día no pude estrenar mis botas y lloré.
La segunda vez que escribí una carta, fue a mi padrino. Quería saber quién era, por qué no lo conocía y donde se metía. No obtuve respuesta inmediata así que también terminé llorando.
La tercera vez que escribo una carta su destino es Dublín.
De todos los motivos que me podrían haber llevado a escribir una carta a Irlanda creí que tendría que estar relacionado con la cerveza Guinness, pero me equivoqué, el motivo fue otro.
También cabe la posibilidad de que te escriba para superar esos traumas infantiles relacionados con las cartas en los que había terminado llorando, pero creo que no. El caso es que te he escrito; que parece que por fin empezaré a traspasar fronteras, aunque no sé muy bien como hacerlo, ni por qué lo hago.
Posdata:
Me alegro de haberte conocido, incluso en un momento extraño de tu vida.
La segunda vez que escribí una carta, fue a mi padrino. Quería saber quién era, por qué no lo conocía y donde se metía. No obtuve respuesta inmediata así que también terminé llorando.
La tercera vez que escribo una carta su destino es Dublín.
De todos los motivos que me podrían haber llevado a escribir una carta a Irlanda creí que tendría que estar relacionado con la cerveza Guinness, pero me equivoqué, el motivo fue otro.
También cabe la posibilidad de que te escriba para superar esos traumas infantiles relacionados con las cartas en los que había terminado llorando, pero creo que no. El caso es que te he escrito; que parece que por fin empezaré a traspasar fronteras, aunque no sé muy bien como hacerlo, ni por qué lo hago.
Posdata:
Me alegro de haberte conocido, incluso en un momento extraño de tu vida.
domingo, 5 de agosto de 2012
A un paso.
Te quiero. Resulta extremadamente fácil decirlo. Y hasta suena bien. Te quiero, te quiero, te quiero. El problema llega cuando decirlo se convierte en una rutina, cuando infravaloramos esas dos palabras y se lo soltamos a cualquiera que pasa por nuestra vida de manera fugaz, como el que se ha equivocado de salida en la autopista y se para a preguntar dónde coño está. Y eso mismo me pregunto yo. ¿Dónde están todos esos te quiero dichos en vano? ¿ A dónde van a parar? Lo único que sé es que pierden ese encanto original. Lo escuchas hasta en la sopa y acabas por no creérselo ni a tu madre.
Me gustaría saber cuánto tiempo tarda de media el ser humano en decirle te quiero a una persona, o mejor aún, a cuántas personas se lo decimos a lo largo de nuestra vida.
Incluso yo, reconozco que he podido decírselo a personas que ahora ni recuerdo, se lo habré dicho a alguna más de una vez sin ni siquiera sentirlo y ahora lo único de lo que estoy absolutamente convencido es de que a ti, en particular, y a día de hoy, no te quiero. Pero estoy a un paso de ello.
Incluso yo, reconozco que he podido decírselo a personas que ahora ni recuerdo, se lo habré dicho a alguna más de una vez sin ni siquiera sentirlo y ahora lo único de lo que estoy absolutamente convencido es de que a ti, en particular, y a día de hoy, no te quiero. Pero estoy a un paso de ello.
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