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domingo, 30 de octubre de 2011

Soy así.

Te quiero. Bueno, aún no. Pero pienso quererte. Lo digo porque si tu piensas hacer lo mismo, antes hay cosas que deberías saber.
La primera y más importante es que tengo mil defectos que ya irás conociendo poco a poco, si es que tienes tiempo. Pero venga, voy a ir poniéndote en situación.
Para empezar, deberías saber que 6 días a la semana me levanto con el pie izquierdo, será que soy zurdo. Además tengo tendencia a quemar las tostadas, o a olvidarme de ponerle azúcar al zumo, con lo cual los desayunos a mi lado pueden ser una mierda. Por no hablar de las comidas, porque cocino como el culo. Hablo en sueños, doy patadas y hasta puede que ronque. Sudo por cualquier cosa, a veces hablo a gritos y soy la persona más torpe que puedas imaginar, y sino me crees pregúntale a mi médico, llevo mas de diez esguinces en mi cuerpo. También me muerdo las uñas, lloro más de lo que me gustaría y me cuesta confiar en la gente. Soy bastante inmaduro, tengo la mentalidad de un niño y ni yo me soporto cuando estoy hecho polvo. Y hablando de polvos, odio aquellos que surgen de un calentón y en realidad son fríos en sentimiento.
Has de tener en cuenta que posiblemente no sea capaz de cogerte en brazos ni tirar la puerta de una patada como en las películas, lo más seguro es que cayesémos los dos al suelo.
Que no te extrañe si me olvido de tu fecha de cumpleaños, y no te enfades si bebo demasiado, soy así. No tengo sangre azul, siento desilusionarte. Bailo como el culo, tengo miedo a los gallos y un montón de manías.
Y si te cuento todo esto es para ahorrarte tiempo porque después de saberlo igual no estás dispuesta a conocerme y si lo estás... debes estar borracha o en un manicomio. El caso es que yo solamente quiero hacerte dos preguntas. La primera, como te llamas, y la segunda, dónde te escondes. Gracias.

domingo, 16 de octubre de 2011

¿Por qué no dejáis de jugar al escondite?

Él tenia la cara más bonita que ella había visto jamás. Una cara de niño bueno que hacía juego con su buen corazón. Además era el hijo que toda madre quisiera tener y el mejor amigo con el que podías contar siempre. A priori parecía algo tímido, pero encandilaba a todos con su simpatía y jamás se rendía ante una adversidad. (He de añadir que también contaba con un buen gusto musical).
Pero entre tantas virtudes, también se hallaba un importante defecto. Se engañaba a sí mismo. Estaba enamorado de una persona pero se negaba a reconocerlo e intentaba ocultarlo aunque, en ocasiones, cediese a la tentación.

Ella, olía a vainilla. Era cabezota, un poco orgullosa y le costaba mostrar sus sentimientos, pero tenía una fortaleza envidiable y estaba nominada por méritos propios a mejor amiga. Hablaba por los codos, se la sudaba lo que los demás pensaran de ella y tenía siempre una actitud positiva.
Además era guapa, y cuando sonreía se formaban dos hoyuelos en sus mejillas que la hacían aún más guapa. Y nadie sabía hacerla sonreír mejor que Él.

Estaban hechos el uno para el otro. Con sus besos, sus te quiero y sus manías. Con sus ganas de dejarse llevar. Porque tanto reprimir sentimientos los estaba llevando a un punto muerto del que solo lograrían salir si empezaban a ser ellos mismos.
Porque fueron dos caminos que se separaron para algún día volverse a juntar: Dos gotas de agua que irán a parar a un mismo charco. Porque por muchas vueltas que diera la vida, ellos acabarían encontrándose.
Sólo tengo una pregunta para ellos: ¿Por qué no dejáis de jugar al escondite?