Te quiero. Bueno, aún no. Pero pienso quererte. Lo digo porque si tu piensas hacer lo mismo, antes hay cosas que deberías saber.
La primera y más importante es que tengo mil defectos que ya irás conociendo poco a poco, si es que tienes tiempo. Pero venga, voy a ir poniéndote en situación.
Para empezar, deberías saber que 6 días a la semana me levanto con el pie izquierdo, será que soy zurdo. Además tengo tendencia a quemar las tostadas, o a olvidarme de ponerle azúcar al zumo, con lo cual los desayunos a mi lado pueden ser una mierda. Por no hablar de las comidas, porque cocino como el culo. Hablo en sueños, doy patadas y hasta puede que ronque. Sudo por cualquier cosa, a veces hablo a gritos y soy la persona más torpe que puedas imaginar, y sino me crees pregúntale a mi médico, llevo mas de diez esguinces en mi cuerpo. También me muerdo las uñas, lloro más de lo que me gustaría y me cuesta confiar en la gente. Soy bastante inmaduro, tengo la mentalidad de un niño y ni yo me soporto cuando estoy hecho polvo. Y hablando de polvos, odio aquellos que surgen de un calentón y en realidad son fríos en sentimiento.
Has de tener en cuenta que posiblemente no sea capaz de cogerte en brazos ni tirar la puerta de una patada como en las películas, lo más seguro es que cayesémos los dos al suelo.
Que no te extrañe si me olvido de tu fecha de cumpleaños, y no te enfades si bebo demasiado, soy así. No tengo sangre azul, siento desilusionarte. Bailo como el culo, tengo miedo a los gallos y un montón de manías.
Y si te cuento todo esto es para ahorrarte tiempo porque después de saberlo igual no estás dispuesta a conocerme y si lo estás... debes estar borracha o en un manicomio. El caso es que yo solamente quiero hacerte dos preguntas. La primera, como te llamas, y la segunda, dónde te escondes. Gracias.
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