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sábado, 5 de noviembre de 2011

Mi superhéroe.

Cuando era pequeño me encantaban los superhéroes, con esos poderes especiales y siempre tratando de salvar al mundo. Siempre quise ser uno de ellos, o llegar a conocer a alguno y afortunadamente lo logré. Si, abuelo, eres tú. Reconozco que no tienes una fuerza envidiable, que tu cara esta cubierta de arrugas que te hacen todavía mas encantador y que al final te quedaste con la chica, como todos los superhéroes. Y no puedes volar, pero me cogías en tus brazos para que consiguiese llegar a la canasta. Tampoco podías evitar que me hiciese daño, pero eras el primero en curarme las heridas de las rodillas y no eras capaz de volverte invisible por mucho que hicieras que no me veías cuando jugaba al escondite.
Bueno, pues como buen superhéroe, hoy necesito tu ayuda. He vuelto a tener miedo. Esta vez no es por mis pesadillas, ni hay nadie debajo de la cama en la que me contabas esos cuentos que tanto me gustaban. Esta vez tengo miedo por ti. Sé que tu puedes con todo y no te rendirás jamás ante nada pero no es algo que dependa solo de ti. Tus recuerdos se van marchitando y tengo miedo de que llegue el día en el que te olvides de mi nombre. Sé que es probabe que suceda, pero no estoy preparado y no es justo, aún nos quedan demasiado momentos por compartir. Pero que sepas una cosa; yo me acordaré de todo lo que hemos vivido por los dos. Y da igual si ya no sabes en que equipo juego o en que día vivimos; puedes preguntarlo tantas veces como quieras. A cambio, tu sigue con tu humor inconfundible, con tus sonrisas inocentes y con tus besos en la frente. Gracias por darme fuerzas cuando ni yo las tenía; por enseñarme el camino para llegar a ser una buena persona y por confiar en mis posibilidades.
Sabes que aún me queda una promesa por cumplir.
¡Ah! ¡Se me olvidaba! De mayor, quiero ser como tú.

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