No es una amenaza, ni una advertencia, ni tan siquiera una premonición. Tampoco te pido que estés alerta para cuando llegue ese posible momento ni que vengas a mis brazos como un perro al que no le dan de comer pero aún así sigue queriendo a su dueño. Lo único que pretendo es que seas consciente de que llegará el día en el que toque fondo y me dé por hacer submarinismo en él y será entonces cuando necesite tu ayuda. O mejor aún, llegará el día en el que esté en una nube y todo sea tan jodidamente perfecto que necesitaré que estés tú para alcanzar ese círculo de perfección. O te necesitaré porque envejeceré y querré recordar mis batallitas con alguien. Igual incluso te necesito para saber que alguien también necesita de mí, pero eso ya es marear demasiado la perdiz.
El caso es que entre tanta necesidad y tanta crisis en lo único que me atrevo a invertir es en ti. Un valor seguro, que no se depreciará a largo plazo y que como los buenos vinos o las buenas canciones, con el paso del tiempo aún se te valorará más. Y al igual que todo lo bueno hay que repetirlo, es igual de probable que te necesite más de una vez.
Repito: no sé cuándo, no sé porqué, pero lo que sí sé es que el día que te necesite no será necesario que digas nada. Tu simple presencia bastará para paliar mi necesidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario