Para empezar, me pediste fuego y eso que tú nunca fumabas. También dijiste que no bebías y acabaste pidiéndome que te invitara a una copa. Querías que te regalara bombones pero no te los comías porque estabas a dieta. Según tú, nunca besabas en la primera cita, pero eso no fue del todo cierto. Decías que no querías palomitas y acababas cogiendo de las mías. Siempre te ibas de casa sin desayunar y al mismo tiempo querías que te llevara el desayuno a la cama. No te gustaba llegar tarde a los sitios pero tardaste años y años en aparecer en mi vida. Decías que odiabas el fútbol y sin embargo te sentabas conmigo en el sofá a verlo. Cuando bostezabas y yo te preguntaba si tenías sueño lo negabas, pero acababas durmiéndote en menos de diez minutos. No dejabas que te sacara fotos pero querías que siempre llevara una tuya en la cartera. Nunca fuiste una chica fácil, pero hacías mi vida mucho más sencilla. No me dejabas besarte en el cuello porque tenías cosquillas pero a veces me susurrabas que sí lo hiciera. Y después de tantas contradicciones y tantos sucesos que no llegué a comprender definitivamente tú sola llegaste a la conclusión de que no te entendía. Y en eso cariño, tenías razón.
La diferencia es que estaba dispuesto a intentarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario